Más riesgo no siempre significa más retorno

Mayo, 2026.

Una gran inversión requiere de dos cosas simultáneas; generar buenos resultados y controlar riesgos. La parte de generar buenos resultados es fácil de medir, la de controlar los riesgos, no tanto. 

Howard Marks dedica una gran parte de su libro “The Most Important Thing” a definir el riesgo, identificarlo y gestionarlo. Define al riesgo como la incertidumbre respecto a qué resultado ocurrirá y, especialmente, la posibilidad de sufrir una pérdida permanente si ese resultado es desfavorable.

¿Cual es su relación con el retorno?

Según la teoría financiera “Capital Asset Pricing Model” (CAPM1), para obtener mayores retornos es necesario asumir un mayor riesgo. El modelo utiliza la volatilidad para medir el riesgo. O sea, la fluctuación de los precios de un activo en el tiempo, una medida comúnmente aceptada para cuantificar el riesgo. Gráficamente sería algo así:

La teoría tiene lógica; si vamos a asumir un mayor riesgo, vamos a exigir un mayor retorno. ¿El problema? En la práctica no es tan simple.

En el 2012, Robert Haugen y Nardin Baker publicaron un estudio de 21 mercados desarrollados entre 1990-2011 demostrando cómo las acciones de bajo riesgo – medido por volatilidad – han logrado mayores retornos, lo cual contradice la teoría:

Las acciones de menor riesgo obtuvieron mejores retornos en 21 mercados:

¿Entonces, cómo podemos pensar la relación entre el riesgo y el retorno?
Algunas ideas.

Un primer motivo es porque el riesgo es subjetivo. Consideren los siguientes casos.

  • Para un fondo de pensión la volatilidad en un mes puntual no es un riesgo muy relevante, pero sí lo es para un inversor individual que precise utilizar sus fondos para un gasto particular ese mes.
  • Para el mismo fondo de pensión no llegar a un objetivo de retorno en el largo plazo – de por ejemplo un 8% – es un riesgo importante, pero tal vez para el inversor individual un 6% sea más que suficiente.
  • Mantener cash – el cual no tiene volatilidad – no tiene riesgo en el corto plazo, pero el riesgo es grande en el largo plazo si pierde poder adquisitivo al no estar invertido.
  • Un activo estable puede ser un riesgo si la inversión es ilíquida y no está alineada con su necesidad de liquidez.

Un segundo motivo es porque el riesgo probablemente esté oculto.

El riesgo no es solamente dificil de medir, sino que muchas veces ni siquiera es visible. Cuando todo anda bien, es complicado saber si el riesgo que se asumió era el correcto. “Only when the tide goes out you discover who ‘s been swimming naked”, es un frase muy utilizada para resaltar este concepto. Un inversor puede haber asumido riesgos imprudentes, pero estos quedan ocultos en buenos ciclos del mercado donde “a high tide lifts all boats.” No podemos juzgar si la decisión de inversión fue acertada únicamente por el resultado.

Morgan Housel dice que“el riesgo es lo que no vemos”. La pandemia en 2020 es un buen ejemplo; no era un riesgo que teníamos en cuenta cuando comenzaba el 2020, sin embargo ocurrió. Las cosas improbables suceden todo el tiempo – la historia está repleta de estos casos – y es muy dificil ponerle un número a este riesgo. Un cuento ficticio que refleja esta idea es sobre el apostador que escucho de una carrera con un solo caballo, con lo cual apostó todo en él. A medio camino el caballo saltó el alambrado y se fue.

La volatilidad es lo más simple matemáticamente que hemos encontrado para cuantificar algo difícil de medir.

Howard Marks sugiere que pensemos en el riesgo de otra forma.

A medida que asumimos más riesgo, el rendimiento esperado aumenta, pero también el rango de posibles resultados y las posibles pérdidas. 

Por lo tanto, a medida que avanzamos en el eje del riesgo es cada vez más importante ser selectivos. Dicho de otra manera, cualquier inversor puede comprar bonos del tesoro americanos de corto plazo, no hay valor agregado en su selección. Sin embargo, en activos como high yield2, small caps3 o en private equity4, la dispersión de resultados es grande y es ahi donde la selección – por habilidad o suerte – hace una gran diferencia.

Esta forma de pensar la relación de riesgo y retorno tiene más sentido, ya que si fuera tan simple – de que un mayor riesgo siempre nos lleva un mayor retorno – la inversión de mayor retorno no tendría realmente un riesgo. Su riesgo está en la dispersión de los posibles resultados; aumentar el riesgo o la volatilidad no nos asegura un mayor retorno.

Esto se calcula habitualmente a través del sharpe ratio, una medida que indica cuánto retorno se obtiene por cada unidad de riesgo asumido, medido por la volatilidad. Sin embargo, ya hemos visto cómo la volatilidad es una medida insuficiente del riesgo. Un inversor podría tener un sharpe ratio alto pero tal vez haya tomado riesgos inadecuados que quedan ocultos en buenos momentos del ciclo del mercado o simplemente porque ha tenido suerte. El sharpe ratio es un buen punto de partida, pero también es una medida incompleta.

Muchos inversores logran buenos resultados en un periodo relativamente corto, donde la suerte y el ciclo del mercado influyen mucho, pero los mejores inversores han logrado décadas de buenos retornos y a su vez han evitado desastres. O sea, han controlado los riesgos consistentemente, lo cual los ha llevado a buenos resultados medidos en décadas. A medida que pasa el tiempo, se revela cuales inversores realmente logran las dos caras de una buena inversión; generar buenos resultados y controlar riesgos.

In theory there is no difference between theory and practice. In practice there is.

Yogi Berra

Ec. Manuel Bordaberry
mbordaberry@paullier.com

  1. Capital Asset Pricing Model (CAPM): modelo teórico que plantea que a mayor riesgo, mayor retorno esperado. Es ampliamente utilizado en finanzas como punto de partida, aunque tiene limitaciones en la práctica. ↩︎
  2. High yield: bonos emitidos por empresas con mayor riesgo de crédito, que ofrecen tasas de interés más altas como compensación. ↩︎
  3. Small caps: acciones de empresas de pequeña capitalización bursátil, generalmente más volátiles que las grandes empresas. ↩︎
  4. Private equity: inversiones en empresas que no cotizan en bolsa, con menor liquidez y horizontes de inversión más largos. ↩︎

2024: Invertir como un optimista, Prepararse como un pesimista.

12 de enero, 2024.

Comienza el 2024 y queda atrás lo que fue el 2023 en los mercados financieros. Como referencia, así fue el comportamiento de cada asset class en el 2023, y en los últimos 10 años:

ETFs utilizados: EEM, VNQ, MDY, SPSM, SPY, EFA, TIP, AGG,DJP, BIL.
Fuente: A Weatlh of Common Sense

Lo que este año vuelve a confirmar es, lo difícil que es hacer pronósticos de corto plazo, tanto en los mercados como en la macroeconomía. Algunos ejemplos:

– A principio de año, el 85% de los economistas de una encuesta en EE.UU. pronosticaban que estaríamos en una recesión en algún momento del 2023, ya que la FED no iba a lograr reducir la inflación sin un golpe duro en la economía. No ocurrió.

– Hace 12 meses, se creía que la FED estaría comenzando un nuevo ciclo, con rebajas en la tasa de interés en el 2023. No ocurrió.

– Hace 6 meses, se creía que quedaba todavía un alza de tasas adicional en el 2023. No ocurrió.

Como dijo Charlie Munger sobre la macroeconomía: “If you’re not a little confused by what’s going on, you don’t understand it.”1

A medida que corren los primeros días del 2024, comienzan los nuevos pronósticos por parte de analistas y gestoras de inversión. En general, se comparte una perspectiva de “Goldilocks”2: la inflación se está moviendo en la dirección correcta, nuevas alzas de tasas no serán requeridas, tendremos un “soft landing” en el cual no habrá ninguna recesión relevante, eventualmente la FED bajará las tasas y todo esto es muy bueno para la economía y los mercados.

Este ambiente es ideal para las inversiones tradicionales en renta variable y en renta fija. Además, las tasas continúan altas; podemos colocar el cash a más del 5% y podemos acceder a rendimientos históricamente similares al de las acciones en el mercado de high yield, probablemente con menor volatilidad.

Pero debemos tener en cuenta que el riesgo es lo que no vemos, como lo fue la pandemia en el 2020, la burbuja inmobiliaria en el 2008 o el ataque a las Torres Gemelas en el 2001. Los daños más grandes suceden cuando nadie los espera, y según Howard Marks -cofundador de Oaktree Capital Management-, un importante efecto a tener en cuenta sobre la actual expectativa de Goldilocks es, que da lugar a la desilusión.

Por definición si el riesgo es lo que no vemos no hay mucho para hacer. Sin embargo, Morgan Housel plantea dos posibles soluciones en su nuevo libro Same As Ever:

PREPARARSE COMO CALIFORNIA SE PREPARA PARA UN TERREMOTO

California sabe que un terremoto va a ocurrir. No sabe cuándo, ni dónde ni de qué tamaño será. Sin embargo, las casas y edificios están diseñados para soportarlos y los equipos de emergencia están siempre prontos.

De la misma manera, debemos tener nuestras inversiones y finanzas personales diseñadas para los eventuales riesgos que hoy no estamos viendo. Además, no sorprendernos ni asustarnos cuando ocurran.

EL MARGEN DE SEGURIDAD DEBE SENTIRSE UN POCO DEMASIADO

El nivel de preparación debe sentirse como excesivo, ya que tiene que cubrir eventos que hoy parecen absurdos que sucedan.

Nuestro nivel de ahorro debería sentirse como un poco demasiado y nuestro nivel de deuda debería sentirse un poco menor al que creemos que podemos cubrir. En cuanto a nuestras inversiones, el nivel de riesgo del portafolio de inversión debería ser un poco menor al que creemos que podemos soportar psicológicamente.

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Hay una historia interesante, detallada en el libro de Morgan Housel, que resume  esta idea del riesgo. Una historia sobre Harry Houdini:

Houdini hacía un truco en el cual invitaba a la persona más fuerte de la audiencia y le pedía que le pegara con toda su fuerza en el estómago. Era un boxeador amateur entonces podía fortalecer su abdomen y mantener su respiración de tal manera que soportaba cualquier golpe.
Después de un show en 1926, Houdini invitó a un grupo de jóvenes a conocerlo detrás del escenario. Gordon Whitehead, un chico que había visto el truco de Houdini, se acercó sin aviso y lo golpeó muy fuerte, creyendo que Houdini podría volver a hacer el truco. Houdini no estaba preparado y falleció unos días después a causa de las heridas.

Tenía una habilidad inigualable para afrontar riesgos. Sobrevivía cuando lo tiraban esposado a un río o lo enterraban en la arena, pero -al no estar preparado- no pudo sobrevivir a un riesgo que nunca vió venir.

Boston, Massachusetts, 1908. Harry Houdini antes de saltar del Puente de Harvard atado con cadenas de pies y manos.

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Sin dudas una trágica historia, que nos muestra como podemos prepararnos para los desafíos conocidos, pero la fragilidad de lo desconocido siempre está presente.

Nos encontramos en un dilema, en el cual sin dudas el actual ambiente es positivo para los mercados financieros, pero tambien existen riesgos que hoy no vemos. Hace sentido hoy, invertir como un optimista pero prepararse como un pesimista.

En nuestros portafolios de inversión esto tal vez significa, que no debemos buscar inversiones complejas fuera de las tradicionales; que hace sentido tener un fondo de emergencia aprovechando que el cash se puede colocar arriba del 5%; y tal vez sea bueno mantener un alto porcentaje en renta fija la cual debería obtener muy buenos resultados -ajustado por volatilidad- en los próximos años.

“We are very good at predicting the future, except for surprises – which tend to be all that matter.” 3

Morgan Housel

Manuel Bordaberry

mbordaberry@paullier.com

  1. “Si no estás un poco confundido por lo que está sucediendo, no lo comprendes.” ↩︎
  2. Goldilocks: La referencia proviene del cuento infantil “Ricitos de Oro y los tres osos”, donde la protagonista, Ricitos de Oro, encuentra la sopa que está “ni muy caliente, ni muy fría, sino justa”. ↩︎
  3. “Somos muy buenos prediciendo el futuro, excepto por las sorpresas, que tienden a ser todo lo que importa.” ↩︎