Durante la última década vivimos en un mundo financiero de tasas cercanas a cero, donde los inversores tenían básicamente tres opciones:
Seguir invertidos de la misma manera, y aceptar que los rendimientos iban a ser históricamente bajos.
Incrementar el riesgo de sus inversiones en la búsqueda de mejores rendimientos.
Liquidar sus inversiones y esperar a un mejor momento para invertir, con el riesgo de perderse años de ganancias.
Ninguna opción parecía muy atractiva y específicamente invertir en renta fija tenía un riesgo asimétrico; relativamente poco para ganar si las cosas andaban bien y mucho para perder si en algún momento las tasas se normalizaban. Esto sucedió en el último año y medio, las tasas de interés fueron aumentadas a una velocidad sin precedentes para lograr controlar la inflación.
Como consecuencia, el bono americano a 10 años cayó casi 18% en el 2022, y el Bloomberg Global Aggregate Bond Index lo hizo en más de 16%.
La otra cara de la moneda es que hoy podemos acceder a rendimientos atractivos en la renta fija a lo largo de toda la curva y del riesgo crediticio que queramos. Desde treasury bills americanos de corto plazo que rinden arriba de 5%, a bonos grado inversor cerca del 7% y hasta bonos high yield con rendimientos cercanos al 9%. Hoy se pueden armar portafolios de inversión que cumplan nuestros objetivos de inversión sin la necesidad de salirse de las inversiones tradicionales y hasta conseguir rendimientos cercanos a los que históricamente encontrábamos en el mercado accionario invirtiendo en bonos high yield.
El argumento no es en contra de las inversiones en acciones. La inflación está en caída, la Fed ha dejado de aumentar las tasas por primera vez en 15 meses este mes (Junio 2023) y las revisiones apuntan a que tal vez ni siquiera haya una recesión como se esperaba. Todo esto, sumado al empuje por parte del interés de los inversores en áreas vinculadas a la inteligencia artificial, apunta a un buen momento para las acciones. Estás han sido y serán buenas inversiones de largo plazo, sin embargo, es imposible pronosticar la dirección del mercado accionario en el corto plazo.
A modo de ejemplo, los analistas esperaban a principios del 2022 que a fin de año el S&P 500 tuviera una suba de 9,60%, que la inflación sea del 3% y que la tasa de la Fed estuviera en 0,75%. La realidad; el S&P 500 cayó -18%, la inflación fue del 7% y la Fed subió la tasa de interés a 4,50%.
Estos eran los pronósticos de la empresas más grandes de Wall Street a principios de este año:
Hoy el S&P 500 está cerca de los 4.400 puntos, por encima de todos los pronósticos salvo el de Deutsche Bank, y todavía queda la mitad del año. En el corto plazo, el humor de los inversores es quien dicta los movimientos del mercado, y como dijo Ben Graham “en el corto plazo el mercado accionario es una máquina de votación”. Además, en el corto plazo lo que mueva al mercado pueden ser acontecimientos que hoy no estamos viendo, como lo fue la pandemia en el 2020. El riesgo es lo que no vemos.
Los bonos por su parte, son un activo esencialmente distinto a las acciones. Sus resultados son contractuales entre el acreedor y el deudor, lo cual lo hacen más predecibles. Si el deudor no honra su contrato, el acreedor puede ir contra la empresa o contra las garantías que puede tener el contrato como colateral. Esto hace que hoy en día la relación del riesgo y retorno de invertir en renta fija sea muy atractiva con respecto a la renta variable.
Por otra parte, las acciones no siempre le ganan a los bonos, y esto hace sentido. Si siempre le ganaran, no habría riesgo de invertir en el mercado accionario.
La volatilidad de las acciones en el corto plazo es el precio que debemos pagar por mejores resultados en el largo plazo, y eso significa que en algunos períodos las acciones no logren ganarle a los bonos.
¿Cuan frecuente es que los bonos de largo plazo tengan mayor rendimiento que a las acciones? Tomamos distintos periodos de tiempo:
Color verde: Veces que los bonos superan a las acciones.
Un último punto a favor de los bonos es la diversificación que otorgan a un portafolio. Durante años, con tasas por el piso, los bonos no aportaron mucha diversificación y se movían en conjunto con las acciones. Muchos inversores se acuerdan del periodo de la burbuja de las DotCom y como el S&P 500 cayó -9,03%, -11,85% y -21,97% en el 2000, 2001 y 2002 respectivamente. Lo que pocos recuerdan es que el bono americano a 10 años tuvo una performance de +16,66%, +5.57% y +15,12% en esos años. Los frutos de la diversificación se vieron plasmados en esos años y hoy en día en un escenario en el cual la economía sea golpeada, los bonos pueden volver a ayudar.
Cada inversor tiene una situación financiera y un apetito por el riesgo particular. Hoy en día, para un perfil conservador o para el manejo de la liquidez, los productos money market ofrecen tasas por encima del 5%. Para un perfil más riesgoso, las inversiones en bonos high yield ofrecen una rentabilidad históricamente similar a la del S&P 500. En el medio, tenemos un abanico de opciones con distintos plazos y riesgos crediticios. El mercado de renta fija ofrece alternativas para todos los gustos, ¿será tal vez el momento de aumentar la exposición a esta clase de activo?
“El pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas.”
Llega el final del año y va quedando atrás lo que será un año histórico y atípico para los mercados financieros. Para poner en perspectiva el 2022:
Desde 1928 solamente hubo tres años en los cuales el S&P 500 y el bono del Tesoro Americano a 10 años tuvieron un retorno negativo simultáneamente. Este va a ser el cuarto, y el único en el cual cayeron más de 10% al mismo tiempo.
Es el peor registro en la historia para el mercado de bonos, con el bono del Tesoro Americano abajo cerca de 14% en el año.
Con el año ya casi en el retrovisor, ¿qué podemos aprender como inversores?
Un par de ideas.
>>>La realidad sobre los pronósticos de corto plazo. Un año atrás, se esperaba que la inflación fuera transitoria, desacelerándose a 3% en el 2022 y las expectativas de la tasa de la Fed eran de 0,75% para fin de año. Hoy estamos con una inflación de más de 7% anual en los EE.UU y la Fed acaba de aumentar la tasa de interés al rango 4.25% – 4,50%.
El nivel objetivo promedio del S&P 500 por parte de los analistas era de 5.225 puntos, una suba de 9,60% en el año. Hoy el índice está abajo cerca de -19%.
Warren Buffett dijo una vez que “No tenemos, nunca tuvimos y nunca vamos a tener una opinión acerca de la dirección del mercado accionario, las tasas de interés o de la actividad económica de acá a un año”.
Lo que argumenta Buffett es que no tiene sentido esforzarse en pronosticar lo que va a suceder en los próximos 12 meses. Pero entonces, ¿en que deberíamos focalizarnos?
>>> Focalizarnos en lo que podemos controlar. Intuitivamente, lo que podemos controlar como inversores es en qué activos invertimos. Cuales empresas, deuda y fondos de inversión elegimos dentro del abanico de alternativas que ofrece el mundo financiero. Pero tal vez más importante aún, podemos focalizarnos en nuestro nivel de ahorro y en nuestro comportamiento como inversor. Estas dos variables están en nuestro control y seguramente sean más significativas para nuestro futuro que muchas otras.
Puntualmente, este año es un ejemplo de porqué deberíamos tener un fondo de emergencia. En un año como el 2022 lo único que no queremos como inversores es estar forzados a liquidar activos financieros para cubrir emergencias, y la utilidad de tener un fondo para cubrir imprevistos solo se valora en años como este.
>>> Utilizar el 2022 como una prueba.
Varios inversores argumentan que pueden soportar caídas grandes de sus portafolios, pero esto es más fácil decirlo que hacerlo. Cuando las cosas van bien es fácil pensar que si sigue todo igual y mi portafolio cae 20% no me voy a preocupar. Pero es distinto cuando realmente se vive en carne propia una caída así y las noticias son sobre una inflación insostenible, posible recesión económica y guerra en Europa.
Entonces, ¿para qué podemos usar el 2022? Tal vez sirve como un termómetro para medir realmente cuánto riesgo podemos soportar, y cuánta pérdida estamos dispuestos a aceptar por retornos a futuro. Luego, podemos ajustar nuestras inversiones acorde a nuestro nivel de aversión al riesgo.
Con unas pocas semanas para finalizar el año, los analistas han comenzado a compartir sus informes sobre que esperar para el 2023 en los mercados financieros. Pero si recordamos el primer punto de este artículo, debemos agarrar estos con pinzas.
No sabemos exactamente qué pasará el año que viene, pero podemos extender un poco el plazo, y ver históricamente que pasó en periodos similares: En las otras tres ocasiones en las cuales los bonos y acciones en EEUU cayeron simultáneamente, los rendimientos promedio anualizados de los siguientes tres años fueron de +14,6% para el S&P 500 y de +6,1% para el bono del Tesoro Americano a 10 años.
Por otro lado, hoy en día podemos aprovechar las tasas del mercado de renta fija para lograr nuestros objetivos, y conseguir rendimientos sólidos sin la necesidad de cargar los portafolios con inversiones más riesgosas. Esto fue difícil de lograr durante la última década.
De cara al 2023 y a los siguientes años, tal vez podamos usar el 2022 como un año ejemplar para focalizarnos en lo que realmente importa y ajustar los portafolios para cumplir con nuestros objetivos financieros.
“Es más fácil evaluar si algo es frágil, que intentar predecir la ocurrencia de un evento que pueda dañarlo.”
Este ha sido un año duro para los inversores en los mercados financieros. El S&P 500 ha caído cerca de -20% y otras partes más volátiles del mercado como el índice de tecnología Nasdaq, cerca de -30%. Individualmente, acciones como Disney, Tesla, o Nike han caído -33%, -38% y -45% respectivamente en lo que va del año. Como las tasas han aumentado los bonos también se han visto golpeados, con el índice de bonos globales también abajo cerca de -20% en el año.
Lo atípico de este año es que se ha dado simultáneamente una caída en acciones y en bonos, y que ha sido de una magnitud significativa. Esto se puede visualizar en la siguiente gráfica:
RENDIMIENTO DE ACCIONESVERSUS BONOS 1926 – 2022
Esto ha provocado que un típico inversor expuesto a los activos financieros tradicionales vea su portafolio cerca de -20% abajo en lo que va del año. A nadie le gusta ver una caída en sus inversiones de este tamaño, pero hay algunas implicancias positivas que podemos resaltar de esta situación en la que nos encontramos.
Por un lado, están los inversores jóvenes, estos que han comenzado a invertir recientemente o los que todavía nunca han invertido. Estos inversores tienen una ventaja frente al resto; tienen más tiempo. Por ende, pueden invertir con un horizonte temporal más largo los fondos que no van a precisar por los próximos años, sin preocuparse por la eventual volatilidad con la cual se pueden encontrar. Para un inversor de este tipo, acumular acciones y bonos a mejores valuaciones y tasas es el escenario ideal. Contraintuitivamente, este inversor debería estar feliz de que el mercado caiga.
Por otro lado, están los inversores que han estado invirtiendo durante años pero que todavía tienen tiempo antes de jubilarse o de necesitar estos fondos. Lo positivo para este grupo es que seguramente son personas que se encuentran en su pico de ingresos laborales. Obviamente ver caer el valor de sus inversiones es algo que no quieren, pero la realidad es que el mercado les está dando mejores oportunidades respecto a los últimos años para seguir invirtiendo justamente en los años donde su poder ahorrativo probablemente sea mayor.
Finalmente, están los inversores que van a precisar próximamente los fondos, por ejemplo los que están cerca de su jubilación. Podríamos decir que estos son los más perjudicados por la caída de los mercados, pero también podemos ver el lado positivo. Después de años donde no habían tasas atractivas en la renta fija, hoy nos encontramos con un panorama distinto. Como ejemplo, estas son las tasas de interés de los bonos del gobierno americano, a principio de año y a la fecha:
Estos inversores, próximos a necesitar los fondos, hoy pueden aprovechar la suba de tasas para hacer colocaciones en el sector más defensivo del portafolio, aprovechando las certezas y la baja volatilidad que otorgan los bonos respecto a otras inversiones. Por ejemplo, un inversor podría colocarse al 4,55% a un año en un bono americano, el cual es considerado libre de riesgo de default. A principio del año podían hacerlo tan solo al 0,40%.
Este es sin dudas un año históricamente atípico y ser inversor en este año no ha sido fácil. Pero en vez de mirar la mitad vacía del vaso, podemos ver la otra mitad.
“El pasado no fue tan maravilloso como recordás, el presente no es tan malo como creés, y el futuro va a ser mejor de lo que estimás.”
La semana pasada los mercados accionarios globales perdieron 5% o mas. Desde comienzos de año el índice S&P 500 viene perdiendo más de 23%; el Russell 2000 small caps más de 26%; Mercados emergentes han caído casi 28%; y el índice de tecnología Nasdaq mas de 31%. Dejando las bromas de lado, setiembre haciendo honor a su reputación, ha sido un mes desafiante para las acciones.
Con frecuencia me preguntan como me afecta a mí el mercado – mi mente, mis emociones, y mi comportamiento. Mi respuesta es breve y muy Zen: Entiendo qué cosas no puedo controlar, y me adapto a ello.
Hablemos de ese enfoque Zen de reconocer lo que realmente está bajo nuestro control y las cosas sobre las cuales no tenemos absolutamente ninguna influencia en sus resultados. Es notable que la mayoría de lo que discutimos, leemos, escuchamos y vemos son cosas fuera de nuestro control.
Que cosas NO podemos controlar:
Mercados: En primer lugar, no tenemos ningún control sobre los mercados. Ninguno en absoluto. Nuestras compras y ventas, ya sean de unos pocos miles o incluso millones de dólares en acciones, no impactan los mercados de capitales que valen billones de dólares. Los mercados harán lo que hagan sin importar nuestra insignificante existencia.
Economía: PBI, contrataciones y salarios, gasto del consumidor, producción industrial, construcción de viviendas, y así sigue la lista. Como uno de los 330 millones de personas, nuestro nivel de gasto ni siquiera es un error de redondeo.
¿Necesito continuar? Tal vez contribuyas a la inflación, pero es infinitesimal; seguramente no tenemos ninguna influencia en la Reserva Federal o en las tasas de interés. ¿El iPhone que acabo de comprar? No va a impactar las ganancias corporativas ni un ápice. Del mismo modo, incidimos ni mínimamente en la volatilidad o en las caídas; ciertamente, no tenemos ningún impacto en lo que se reporta en las noticias, ni determinaremos el resultado de las elecciones nacionales o locales.
Que cosas SI podemos controlar:
Nuestro Portafolio: Queremos tener un portafolio lo suficientemente robusto para soportar caídas y recesiones; no necesariamente el mejor conjunto de activos posible, sino aquellos con los que podamos vivir día tras día. Esto significa que debe ser adecuado para el nivel de riesgo con el que nos sintamos cómodos. Esto incluye una asignación de activos amplia que incluya una diversificación completa de clases de activos, geografías, etc.
Entonces debemos tener un plan financiero, para que quede claro para qué estamos invirtiendo, y así podamos ver cómo estamos progresando hacia esos objetivos.
Debemos ahorrar suficiente en relación con nuestros ingresos, viviendo dentro de nuestras posibilidades.
Lo que consumimos en los medios de comunicación también está bajo nuestro control: ¿estás leyendo demasiado pesimismo extremo? ¿o quizás opiniones muy sesgadas? Es probable que esto esté afectando tu perspectiva de manera negativa.
Todo se reduce a un aspecto importante que esta bajo tu control: tu propio comportamiento. Si podes dominar eso, es casi imposible que no tengas éxito como inversor en el largo plazo.
Habitualmente comparamos distintas inversiones que se nos presentan, para luego decidir por la que creemos que va a tener un rendimiento mayor, dentro del perfil de riesgo que estamos buscando.
Sin embargo, en vez de buscar esa inversión que nos podría dar el más alto resultado, ¿no será más importante buscar la que podamos mantener por el máximo tiempo posible?
Warren Buffett tiene una gran habilidad para elegir buenas inversiones, pero su secreto es que lo ha hecho relativamente bien durante más de 8 décadas. A lo largo de los años, han habido mejores inversores que él en distintos periodos, pero ninguno ha logrado lo mismo. El interés compuesto de haber estado invertido por tanto tiempo es lo que ha llevado a que hoy estemos hablando de él. Casi el 97% de su riqueza fue producida luego de haber cumplido los 65 años de edad.
Según Charlie Munger, vicepresidente de Berkshire Hathaway y socio eterno de Warren Buffett, “la primer regla del interés compuesto es nunca interrumpir innecesariamente la inversión”. ¿Pero cómo lo logramos? Dos ideas pueden ayudar:
#1 Ahorrar como un pesimista, invertir como un optimista. Morgan Housel explica esta idea en su libro “The Psychology of Money”. Cada un par de años el mundo vive algún desastre. En los últimos 20 años pasamos por la crisis de las dot-com, la caída de las torres gemelas, la crisis hipotecaria del 2008, una pandemia que mató a millones y Rusia invadió a Ucrania, entre otros… En ese lapso, una inversión en el S&P 500 obtuvo un rendimiento anualizado de 10,20% logrando multiplicar una inversión en casi seis veces.
Lo que podemos aprender sobre esto es que tenemos que estar preparados para vivir periodos de desastres y lograr salir vivos del otro lado. Nunca sabremos cuál ni cuándo será el siguiente, pero eso es justamente como Morgan Housel define al riesgo: “el riesgo es lo que no vemos”. Una posible recesión económica, inflación, o guerras en Europa son problemas que los economistas están previendo, pero nadie vio venir una pandemia a principios del 2020.
Por esta razón debemos ser suficientemente paranoicos como para sobrevivir el corto plazo y a la vez suficientemente optimistas como para hacer y mantener inversiones de largo plazo. Lo importante es: no llegar a un punto de estar forzados a liquidar nuestra inversión. Calcular un margen de error y mantener un fondo de emergencia pueden ayudar.
#2 Encontrar cuales son esas inversiones que podamos mantener durante mucho tiempo. Una casa no es históricamente una buena inversión respecto a otras alternativas. Sin embargo, para muchos esta es la mejor inversión que harán, más que nada porque es la única que no interrumpen y mantienen durante décadas.
Cada inversor tiene una perspectiva única del mundo como consecuencia del lugar y tiempo en el que nació, de las distintas experiencias que vivió y de su particular situación financiera. Por esta razón, lo que funciona para uno puede no funcionar para otro. En Estados Unidos los inversores del lado Este invierten relativamente más en acciones del sector financiero, los del Sur en energía y los del Oeste en tecnología. En Uruguay tal vez se invierta más en ganado.
Si las personas se sienten más cómodas invirtiendo en los rubros que están más familiarizados, y esto logra que estén invertidos por más tiempo, seguramente les vaya mejor.
Al final del día una buena inversión se logra sobreviviendo a los inevitables desastres que van a ocurrir en el corto plazo, para beneficiarse del progreso y del interés compuesto en el largo plazo.
“Predecir la lluvia no cuenta. Construir el arca, sí”.